escuchando,
a ver si acaso una pudiera
impregnarse de toda esta inteligencia
orquestada de psicodelia silvestre:
el coro de ranas nostálgicas,
los saltitos de mamboretá en el sobretecho de la carpa,
los cantos de chicharra vigorosa en la hora espesa de la siesta,
el zumbido insistente del mosquito inoportuno.
etcétera.
etcétera.
a ver si acaso una pudiera
llevarse algo de esta inspiración viviente,
este aliento cósmico que respira en las hojas,
esta trama de señales mínimas
que el bosque emite sin apuro.
algo que quede en el cuerpo,
para racionar cuando una esté lejos,
cuando el mundo pida más de lo que queda,
cuando haga falta recordar
que también somos ramas,
y humedad,
y silencio,
y todo lo que vibra bajo la primera capa del día



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